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Sale Papusa #2

¿Qué son las sobras? ¿Se puede hablar de obras que no abordan la centralidad? Estas preguntas las han respondido de algún modo Shakespeare, Gombrowicz, Kafka, Idea Vilariño, Macedonio Fernández, Mansilla, Bukowski, Barthes y muchos más. Sobras como restos o como aquello que escapa a la totalidad de una obra. No se pierdan este tercer programa y la imperdible columna de Azul Álvarez.

La orilla infinita

Sobre El tiempo ilusionado, de Paula Prengler

Por Pablo Delgado
(Editorial Modesto Rimba, 2018)

Pablo Rubinstein pasó los cincuenta años y está sentado en una mesa del Petit Colón, frente a la plaza Lavalle. Del otro lado de la mesa, una mujer con la que arregló una cita a través de un sitio de Internet le habla de cosas que no le interesan en lo más mínimo. Pero el problema más grande para Rubinstein, en ese momento, es que no puede acordarse del nombre de la mujer, que ahora está contándole sobre una mascota.  

“Silvia o Sandra”, se esfuerza el protagonista, “pero me suena más a Claudia. Claudia puede ser”. Enseguida queda claro que, para él —jean gastado, blazer escolar que “apenas le cerraba sobre una remera desteñida con la leyenda Say no more”—, esa mujer y esa noche vienen siendo lo mismo que otras noches y otras mujeres, una serie de encuentros de los que se decepciona más pronto que tarde y que él mismo se apura a desmantelar. Es la aparición de Laura —el primer amor de la adolescencia— lo que va a darle un rumbo concreto a los hechos, y a trastocar todos los vínculos de un personaje anclado en el pasado.

Más allá de la construcción impecable de la trama, que alterna entre la adolescencia de Rubinstein en tiempos de la última dictadura militar y el presente; y del pulso con el que la autora de El pez globo (Del dragón, 2009) va delineando los escenarios donde transcurre la acción —la Avenida de Mayo, los bares, la casa de antigüedades que la familia del protagonista conserva en San Telmo y en especial el Palacio Barolo, insólito domicilio de Rubintesin—, lo que atrapa en El tiempo ilusionado es la construcción y el tratamiento de los personajes, inconfundibles en su fisonomía, en su carácter, y, lo que es más valioso, en sus motivaciones más complejas: las tensiones con el padre; la marca indeleble que le imprimió la madre; las discusiones con Miriam, la ex mujer, y con Nico, el hijo adolescente; la relación con Osvaldo, mano derecha del abuelo de Rubinstein y puntal de Casiopea, el local de antigüedades, y las sesiones con Monte, el analista, a quien el protagonista sólo visita “para cumplir con un simulacro”, pero con el que va descubriendo la verdad de su propia historia.

Narrada en tercera persona, con un trabajo notable del punto de vista y una prosa directa, puesta al servicio de las acciones y las voces de los personajes, en El tiempo ilusionado prevalece algo que se respira de principio a fin, y es el modo en el que la autora instala una intriga —con reminiscencias del policial— de la que es imposible sustraerse: no mediante “una sucesión de sorpresas”, citando a John Gardner acerca de la narrativa de calidad, sino a través de “una sucesión cada vez más emocionante de descubrimientos, o de momentos de comprensión”.

Da la sensación de que Paula Prengler no concibió la novela desde una ambición desmedida, como sería el caso de haberse fijado, en primer lugar, la elaboración de un brillante alegato histórico, sino por un camino inverso y bastante más delimitado, a partir de una zona que va de Avenida de Mayo a San Telmo, y en ese espacio compuso un personaje entrañable, un marginal repleto de contradicciones, alguien que fue determinado por un episodio de su juventud, por el impacto que los acontecimientos de la historia argentina reciente tuvieron en su familia y en él, y que en el presente, sobre todo, podría definir su propio tiempo.

Un tiempo ilusionado, como si fuera la respuesta a una sustancia que sobrevuela cada escena, y que podría formularse con las palabras que la autora utilizó en la presentación de esta novela excepcional: “¿Quién deja afuera el amor, quién puede hacer esa operación?, ¿qué historia hay detrás de alguien que decididamente no quiere enamorarse?”.

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