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Jornada mariateguiana

A 90 años de los 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana

A las 18 hs.  Panel: Omar Acha, Susana Cella, Ramiro Parodi, Marcelo Starcenbaum
A las 20hs. Presentación de 7 ensayos sobre socialismo y nación (incursiones mariateguianas) de Diego Giller (compilador).
Presentan: Martín Cortés, Matías Rodeiro y Diego Giller.

SALE PAPUSA #9

La noche. La temporalidad en donde el orden se debilita. La noche como absoluto. La exaltación de la noche por el romanticismo como reacción a la luz iluminista. Novalis y sus himnos a la noche. La exaltación de las pasiones. Frankenstein, la muerte y lo monstruoso. Catulo, el poeta romano, y su definición de orgía: toda fiesta que se haga de noche. La noche y el deseo: las tres noches de Pascal Quignard. El rapto en la noche. La noche y los sueños para Al Álvarez. No entres dócilmente en la noche de Dylan Thomas. La poética nocturna y femenina de Emily Dickinson y Alfonsina Storni. El nocturno de Edgar Allan Poe. De noche viene Elena Poniatowska. Las Tres Noches de Austin Wright y el Viaje al Fin de La Noche de Louis Ferdinand Céline. La noche y la política: La noche de los proletarios de Jacques Rancière. El 2001 y la salida del pueblo en las noches. La nuit debout francesa. La serialización de la noche por el poder: de la noche de los museos a la noche de las heladerías.

Banda de sonido del episodio – Vía Dra. Melómana

Los hijos de la guerra que van a narrar

Sobre Memoria Romana de Rodolfo Fogwill

Blatt y Rios, 2018
Por Martín Glozman

 

Un Fogwill inteligente que intenta dar cuenta de los límites pautados de la realidad. Un joven Fogwill metafísico. Un joven Borges que pasa la intelección por la experiencia como el joven gato que narra en “Un cambio orgánico”, encerrado en una caja más resistente que sus propias garras. “Las convenciones de la vida práctica prevalecen sobre cualquier balance técnico de problemas y soluciones”.

¿Cómo es la voz de Fogwill? ¿Dónde está la voz de Fogwill? La voz de Fogwill directa en el narrador descompone la realidad como en un tubo de ensayos.

“Aunque había un teclado de computadora y una pantalla de registro plana de plasma líquido, la impresora y el sistema de facturación estaban disimulados en el interior de una antigua caja registradora National…”

Leer Fogwill es perderse en lo noble que será un chino que juega con las cajas chinas sin temor de perderse en los niveles de realidad relativa. “…usted, claro, era Fogwill”.

¿Por qué es peligroso leer a Fogwill?

Es el huevo de la serpiente el que ataca hasta acabar mostrándote la realidad. La cabeza deforme de la Gorgona.

En definitiva, Fogwill, pudo ver la realidad, y experimentarla, y finalmente, lo que es ventajoso para la literatura y todos nosotros: narrarla. No sé si se volvió loco o no lo hizo. Construyó un personaje. Literario y real. Como muchos tuve oportunidad de conocerlo, son escasas las anécdotas que puedo contar, pero lo que sí puedo decir es que al margen de la verdad de las cosas, narrarlas es una forma de imponer un destino: imponer un discurso de lo que vendrá, a contra marea, porque se pone el cuerpo a disposición de lo real. Yo doy fe. Yo creo que eso hizo Fogwill. Eso se ve en estos relatos reunidos en Memoria Romana, editados por Blatt y Rios.

En definitiva ahora hablar de Fogwill es hablar de un clásico, de la figurita repetida, pero es en esa experiencia de lectura antes de escuchar hablar de él donde se nos hizo único, y ver la realidad transforma vidas.

El dolor de verle la cara a la realidad. “Apostaba a que su vieja afección cerebral no le juegue ahora una mala pasada u que pudiese conservar la calma para no transmitir a los chicos el terror y la desolación que lo desbordaban”. La experiencia del sobreviviente.

En “El sueño de Nicolás” vemos un Fogwill preocupado por la guerra, por la memoria, por la bomba, y por los chicos, futuro de lo que vendrá. Que alguno de los chicos pueda sobrevivir. “Lo único que encontraba en su memoria era un film sobre Hiroshima del que recordaba un vals de Delarue que casualmente aludía a un río”.

“El sueño de Nicolás” atacado por el veneno, mueve a la naturaleza de la palabra para que el veneno circule y se mueva antes de que explote la bomba, o justo mientras lo hace. El veneno en el cuento es la Coca Cola. Es el motivo que surca el paisaje del viaje: tomar de la buena, tomar de la mala.

La cabeza de la Gorgona es la naturaleza inmóvil que retuerce en la cultura de las palabras lo que describe el mundo.

Sexo, texto, cuerpo.

Morir es escribir en el dibujo de la tinta que fluye como la sangre con el cartucho del fusil.

Las máquinas, el ruido del nacimiento. Escribir las palabras para hacerse personaje como Fogwill de Help a él. Como Cadrick de “Tierra de nadie” que tenía el ruido de la luna llena.

Un personaje cimarrón en “Todo por amor”, hablando en otra lengua y aceptado en el monte. Gustavo ya había dejado de gustar. Literatura en el abismo. Escritura con riesgo. El gaucho eslavo es de verdad. Un gaucho escritor, el polaco, un gaucho que te miraba como eres, que era visto como sos.

Salía el veneno de sus ojos sin envenenar a nadie porque era el reflejo maldito del pueblo que será.

En “Todo tendiendo al equilibrio”, el veneno es un jugo de frutas. “Sintió músculos que jamás había advertido ni imaginado dentro de su cuerpo, despertados tal vez por el placer, por el dolor, por el desplazamiento de un posible veneno.”

Como en un viaje en el tiempo, Fogwill dice: “María ahora me ha hablado y dice algo sobre la dosis, que parece que era demasiado fuerte, que la cápsula tendría más de un trip…”

¿Qué es leer a Fogwill hoy? Nos reunimos en la niebla que iba a ser, en la fogata que hoy es. Qué es leer lo que fue. Nos permite reflexionar sobre el pasaje entre generaciones. Lo que una innnova para la otra es tradición. Innovar no es gratuito. Tiene riesgo. Y no todos innovan. Porque lo normal es conservar, deberse a la tradición, porque admiramos a los que nos enseñaron, de los que aprendimos, de los que innovaron. Hubo muchos modelos, unos propios son los de la matanza del padre, pero eso nos deja en los lugares del iconoclasta, del solo, del muerto, del punk. Del sin trabajo.

Innovar es aceptar al padre, como un igual, sin importar los derechos de la veneración, ni los egos que la literatura trata. Pero eso nos pone en un problema con los hermanos, porque si no se hace fratria se patria. Y si no matria.

En relación a la matria. Me parece que ver la realidad como la vio Fogwill -y el testimonio es su escrito y que pudo sobrevivir a la vida y comerciar y triunfar en un mercado de los solos- te abre la percepción a algo nuevo que los que escribimos deberíamos intentar alcanzar, que es la verdad en sí misma, no importa que forma alcance el discurso en la época para llegar a ella. La realidad, la pura realidad, la que está allá afuera de las palabras. A las que las palabras siempre van a tratar de llegar. Y llegan pero no  dejan de llegar y se desvanecen en la época y en la costumbre, no en la esterilidad sino en su funcionalidad para educar y formar nuevos jóvenes en la búsqueda del futuro, cuando los discursos fuertes finalmente quedan instalados en la palabra que suena en los bares, en las mesas, sin que nos demos cuenta y los hablemos como dormidos para volver a tratar de despertar del juego de las mamushkas y las cajas chinas, buscando otra vez las palabras de la verdad, que no son solo palabras sino experiencias, vivencias, encuentros, diálogos profundos que algunos pocos saben llevar con el costo fuerte del sacrifico de no transar.

Somos todos iguales. Somos todos iguales. El que no sabe esto se equivoca.

 

“Recién entonces sí se lo llevan las olas o lo apartan las toninas, y aparece en la arena mordisqueado y con lo que les quedó de cuerpo todo podrido”.

En las arenas de entonces el autor de apellido sajón dimensiona la narración como forma de enseñanza a los jóvenes, esto que perduró en su obra no se volvió a explicitar como en estos cuentos aquí reunidos, a cambio de una postura más desprendida de lo obvio de la misión. “Lo hacían por enseñar, de puro cariño lo hacían.” En la estructura de los relatos está lo que van a vivir. Como los laberintos griegos o los árabes que construyen los arquitectos para los reyes por venir. Los reyes de las coronas. Los reyes de las coronas de realidad. Lo real.

“…sintiendo que amar era levantar una ola cada vez más alta que tarde o temprano se derrumbaría para arrastrarlos a todos, inútiles e insignificantes, hasta el borde mismo de la arena en la oscuridad”.

Amar, Mar. Contar.

MEMORIA ROMANA

“Lo que más duele ahora es que mis hijos van a sufrir la derrota. Otra derrota. Me duele eso.” “El mundo, entonces, se me representaba como el inmenso teatro de mi fracaso.”

23 de noviembre

Bienvenido Bob #6

A las 19.30 hs.

“Bienvenido Bob” es un ciclo donde los autores invitados leen textos propios y conversan sobre la construcción de las historias, su relación con la escritura y su forma de trabajo.

Leen: Valentina Vidal, Emiliano Kaczca, Mauricio Koch, Manuel Tacconi, Vivian Dragna, Pablo Delgado.

Coordinan Mauricio: Koch y Pablo Delgado.

 

 

Desierto y nación. II estados

de Guillermo korn y Matías Farías

(Caterva, 2018)
por Javier Trimboli

¿Cómo decirlo? La alegría que nos trae la escritura y el pensamiento de los compañeros y amigos; quizás siempre sea así, aunque hoy más que nunca. A lo que se suma algo más, en este caso, por quiénes son ellos, uno y otro, de Guillermo Korn y Matías Farías. Quienes son en esta malla más o menos desordenada de afectos, sensibilidades y pensamiento en la que tan gustosamente estamos inscriptos. 

Alegría que es por la inteligencia que ponen en acto, en el papel, y por la voluntad, el tesón. Porque escribir, cuando no hay CONICET mediante, obliga a una cosas y a otra. Al menos conlleva ese riesgo.  

También porque en esta rotación de escrituras que como una bola pasa de amigas y amigos, de compañeras y compañeros, se abre la posibilidad, se permite que los demás tomemos un respiro, descansemos, sabiendo que están ellas o ellos, hasta que repongamos fuerzas.

En el prólogo cita Verónica Stedile Luna a Benjamin que decía que “colocar a Baudelaire junto a Blanqui significa salvarlo”. Para empezar a calibrar lo que significa colocar a Mansilla junto a Martí.

No sé por qué, pero esta vez no se me ocurre que Martí alcance para salvar a Mansilla, ni tampoco al revés. Como si ninguno necesitara, al menos por una vez insisto, de tal cosa. Ellos dos y nosotros, todos jugados…

Pero si no se trata de salvación, lo que sí de inmediato se advierte es que el montaje, porque de eso se trata este libro, ésa es su forma, añade algo nuevo, impensado. La pregunta que también se hace Verónica en el prólogo, qué más, qué de nuevo se puede escribir sobre Mansilla y Martí, el libro la empieza a responder por acá.  

Ver a uno con la sombra del otro encima, hace que ni Martí ni Mansilla sean los mismos. Para que no se nos diga que pecamos de exagerados, por lo pronto mientras dure el rato que leamos el libro y, entonces, cada vez que volvamos a abrirlo que, sospecho, serán muchas porque es de mucha utilidad.

Dije montaje y, más allá de la propuesta de la editorial, de Caterva, que se percibe, es probable que la impresión esta se nos imponga sobre todo a los lectores. Porque ni un ensayo ni otro hacen alardes al respecto.

Como todo montaje, obvio, las piezas con las que se trabaja no son iguales. Y la diferenciaui no sólo está entre Martí y Mansilla. Guillermo Korn es un orfebre, trabaja con la delicadeza del que quiere echar a funcionar un mecanismo de alta complejidad, con guantes, como Rififí. Traza delicadísimas relaciones, a través de por momentos imperceptibles pases de magia. No desactiva bombas ni tampoco las pone, porque escribe fundamentalmente de lo que ama, y eso le otorga a lo que toca mayor encanto aún.

En contrapunto, Matías Farías, arriesgo, persigue el sentido de una escritura y de una vida también. Aunque fenomenalmente atento a las vetas más tenues y contradictorias del texto, lo suyo parece un travelling, no un plano detalle. Va de una punta a la otra, con paso seguro, incluso con la demora necesaria, pero sin cortes. Su proeza es ésa.

Si no se sacan chispas Mansilla y Martí, más o menos. Lo que hace que esta convivencia bajo una misma tapa, bajo un mismo título, inquiete. Y sus escrituras ni siquiera están a 180 grados una de otra, lo que de alguna manera les daría un equilibrio, una forma definida. Mansilla, se sabe, es coloquialidad y en ella hay lugar para el disparate, para la sorpresa. Martí cultiva el artificio, sobrepuja lo que se vuelve imposible imaginar liso. Muchas, muchísimas de sus oraciones trastocan la sintaxis usual. Y aunque no se complace con el lenguaje teórico es riguroso en la imaginación.

A partir de aquí, a partir de la escritura, las distancias son muchas. Imposible imaginarlo a Martí matando paraguayos, ni encadenado iría. Como también es imposible imaginar a Mansilla teniendo vida errante pero no de viajero acomodado, “excursionista del planeta”, sino de exilio en exilio, de conjurado.

Un poco más de lo mucho que los aleja: nada parecido a una búsqueda y una afirmación como la del proyecto Nuestra América hay en Mansilla. Que es porteño, que a lo sumo se deja atrapar una y otra vez -guerra y oro- por Paraguay y sus límites imprecisos y saqueados. Y, claro,  por París… Nuestra América, además y sobre todo, es un sujeto y un proyecto. Y Mansilla sólo de a ratos abre fisuras, quiebra el entre nous.

Sin embargo, ¿sin embargo?, entre un ensayo y otro se dibuja una zona común, entre Mansilla y Martí, que por lo menos yo no había visto antes con tanta nitidez. La prenda de unión, no muy entera, tironeada, es Sarmiento. Quiero decir, se lee en este libro, los cuestionamientos que el caso de Mansilla son a la obra entera, a la persona pero, señala Guillermo Korn, con argumentos de clase que, de alguna manera descalifican al pobre de provincias; en Martí alcanza definición concentrada cuando en Nuestra América descarta la tensión entre civilización y barbarie que sólo es entre falsa erudición y naturaleza. Pero, por supuesto, Una excursión a los indios ranqueles tiene tal vez como uno de sus basamentos fundamentales la crítica a esa idea de civilización y la noción misma de barbarie que etiqueta a gauchos e indios.

.La modernidad, la civilización, y sus males, que no son efectos indeseados sino que están inexorablemente ligados a su despliegue. Cómo sofrenarlos, ponerles coto. Y la pregunta es por los indios, por los paraguayos, por los negros, por Paraguay, por América… No tanto por los obreros, por los pobres sí…

Zona común que Martí atraviesa casi sin recaídas y con amor, romanticismo y/o populismo. Y Mansilla displicente, nunca sin dobleces, incluso episódicamente, como ramalazos que se van y siempre vuelven.

Añadamos que en ambos pensar es también, sino sobre todo, una estética. Y aquí el populista Martí se pone más intrincado que el distinguido Mansilla que luce como un populista.

Ambos también, así se los ve en estos escritos en montaje, no se rinden, no se dejan caer ante sus diagnósticos más terribles. En Mansilla, la sospecha que no hay forma de detener a la forma más cruenta de la civilización que ni siquiera clemencia tenga del vencido. En Martí, en El poema del Niágara, que sólo queda la nostalgia de la hazaña porque la medianía de la época hace de lo que eran glorias, crímenes.

Es así, pero en Mansilla no hay mayores desgarros, la clase lo salva.

Rarísimo, así y todo, que los indios (y el negro) de Mansilla sean más ciertos, tengan más carne y hueso que los de Martí, mientras que Martí los ama y Mansilla sólo de a ratos quiere tenderles la mano, a los indios.

Los indios (y los negros) de Martí parecen inmóviles, quietos, estancados, apenar merodean. Los de Mansilla son otra cosa.

No hace falta que estos escritos hablen del presente, como efectivamente lo hacen en algunas páginas o breves pasajes, para que sean contemporáneos (intempestivos), políticos.

Martí y Mansilla no son los mismos a partir de este montaje. Pero Mansilla y Martí tampoco son lo mismo después de lo que vivimos en Argentina y en América Latina en las últimas décadas. A contrapelo les pasan el cepillo en este libro Guillermo y Matías, de adelante para atrás, con los nervios de hoy más o menos en caja. O de punta.

Definición de historia de las ideas de Beatriz Sarlo. Esto no es historia de las ideas, es otra cosa.

Mansilla y Martí intempestivamente contemporáneos.

Y sin forzar de más encontramos sus compañias.

Verónica Stedile Luna y el momento reaccionario de Martí. Ni qué decir los de Mansilla. Añadamos nuestros momentos reaccionarios, quiero decir, ya no socialistas. O, como Martí, que reivindica de Marx su posición a favor de los pobres pero no su incitación al odio. M

Nuestro momentos reaccionarios, porque nada de lo humano por una vez nos fue ajeno, hace posible que los entendamos.

En este sentido, Martí está mucho más cerca nuestro que de Paco Urondo, porque carece de una meta segura, de un cielo incuestionable, porque quiere evitar en lo posible la sangre…

Porque su movimiento, no obstante, es el de todo revolucionario que no sea de monumento o de manual. Entre la tentación del repliegue y el dar la vida. Le cabe a Urondo, a Walsh y a tantos más.

Como señala GK, enristrado con Hernández y con Bialet Massé, Mansilla. Claro, también con Martí.

Una tradición otra. Todos parecen peronistas.

Muy contento con esto de los amigos, hoy también mañana con lo de las amigas. Lástima que no tenemos Partido.

………………………

Además por todo lo que tiene de empresa colectiva. GK y MF, pero Caterva, también Caburé.

 

16 de noviembre

Veladas literarias

A las 19 hs.

El objetivo del ciclo #LasVeladasLiterarias es reunir a escritoras, especialistas y público a fin de reflexionar, leer, discutir y/o polemizar sobre problemáticas inherentes al quehacer literario, así como también difundir las propias producciones individuales de cada una de las panelistas. Conscientes de la fuerte impronta patriarcal que articula el canon actual de la literatura argentina (y de la literatura en general), estos encuentros están motorizados por la necesidad de poner en valor la literatura escrita por mujeres a lo largo de dos siglos y hacer dialogar ese rico acervo con las producciones del presente, creando vasos comunicantes.

Participan del próximo encuentro: María Teresa Andruetto, Violeta Canggianelli, María Rosa Lojo y María Gabriela Mizraje.

Idea y coordinación: Jimena Néspolo y Ana Ojeda

— PREVENTA —

— HASTA EL 30 DE NOVIEMBRE —

El ojo mocho 7

Primavera – Verano 2018/19

 –
 Alejandro Boverio, Darío Capelli y Matías Rodeiro (editores)

Grupo editor: “Biología del fascismo”

Diálogos

-Historia muy recitente -lo que vivimos hasta antes de ayer-. Conversación con Javier Trímboli

-Guadalupe Lucero, “La sublunaridad a propósito de Sublunar de Javier Trímboli”

Presentes

-María Pia López, “ANTE LA LEY. Notas al pie de la discusión pública sobre legalización del aborto”

-Alejandro Kaufman, “Sobre responsabilidad y precariedad en los días que corren”

-Alejandro Boverio, “El cinismo como forma de gobierno”

-Darío Capelli, “Corrosión de la lengua y reconstrucción del carácter nacional”

-Juan José Olivera, La olla popular, del “crisol de razas” al “gatillo fácil” (y los punzones)

-Horacio González, “¿Puede una novela definir una época? (sobre El traductor de Benesdra)”

“El paraíso agraviado (acerca de Zama)”

-Cuadernos Relámpagos / Negra Mala Testa: “Apología de la negrada”; “Populismo”; “Democracia”; “Revolución” (Sebastián Russo/ Lucas Saporosi/ Yamil Wolluschek; Natalia Torrado; Santiago Asorey, Adrian Dubinsky y Diego Litvinoff; Ernesto Laclau; Mariano Molina y Guillermo Korn; Diego Tatián; Eduardo Rinesi; Negra Mala Testa; Horacio González; Julia Pascolini

Bajo amenaza: la educación pública

-Daiana Ant, Edgardo Maggi, Lucía Santiago y Natalia Stoppani, “La educación en época de cambio: incertidumbre, trascendencia y refundación”

-Anita F., “La destrucción líquida de las políticas educativas / Todo está escrito en arena”

– Carla Wainsztok, “Futuro pretérito. Necro logos”

-Matías Rodeiro, “Recuperar autonomía”

-Eduardo Rinesi, “Dieciocho”

-Pablo Potenza, “Hernán Vanoli: aventuras académicas (acerca de Cataratas)

-Diego Caramés, Gabriel D’Iorio, Matías Farías, “Jorge Dotti. Ilustración y soberanía en la filosofía argentina”

La clave barroca

-Alejandro Boverio, “La comprensión barroca de la filosofía”

-Ángel Octavio Álvarez Solís, “Metacrítica de la razón barrosa”

-Rodrigo Karmy Bolton, “La Hispanidad olvidada. En torno a La república de la melancolía. Política y subjetividad de Ángel Octavio Álvarez Solís”

-Matías Rodeiro, “¿Historicidad, barroco y lo nacional-popular americano?”

-Shirly Catz, “El barroco y la transmisión del secreto”

-Gerardo Oviedo, “¿Barroco vivido? Una experiencia en la Sala El Bosco, Museo del Prado (Madrid, 2017)”

-Juan José Burzi, “La muerte de la Virgen y San Jerónimo”

-Cecilia Abdo Férez, “Traducir (presentación de Traducciones malditas: la experiencia de la imagen en Marx, Merlau-Ponty y Foucault, de Horacio González, Buenos Aires, Colihue, 2017)”

144 pág. DISPONIBLE EN DICIEMBRE
 $300 – $250 (precio preventa)

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Cuestión de Práctica (en teoría) 

Sobre Teoría y práctica de Francisco Bitar

Tusquets 2018
Por Manuel Crespo

Dos de los cuatro cuentos que componen Teoría y práctica, “Para Elisa” y “Siempre hay explosiones a lo lejos”, se construyen desde la metaliteratura. Lo que se despliega frente a nuestros ojos —nos dice quien narra— es un relato y las personas que lo pueblan son en realidad personajes, roles que las primeras páginas muestran desnudos y que el cuento deberá dotar de individualidad y espesor.

Se trata de una estrategia que a estas alturas no va a ganar puntos por originalidad (Borges, Calvino y varios otros la perfeccionaron hace décadas), pero que termina jugando a favor de las tramas, ubicándolas en una zona diferente a la que hubieran ocupado si el método hubiera sido más evidente o directo. Al fin y al cabo, no son cuentos fantásticos, sino enfáticamente realistas, urdidos a partir de anécdotas e intimidades menores. Si Bitar no los hubiera dislocado desde la forma, quizás sólo estaríamos ante la presencia de otro producto del muy trajinado realismo sucio.

El título del libro es prueba suficiente de que el autor santafecino escribe pensando en los dos sectores de la experiencia literaria. Le importan tanto los hechos como el armazón invisible que los aglutina. Las historias que contiene Teoría y práctica son esquemas robustecidos por una vecindad de temáticas más o menos comunes: el desamor, la imposibilidad de soltar el pasado, la búsqueda de significado en un paisaje urbano que no hace otra cosa que aturdir.

En ese sentido, los otros dos relatos corren al mismo ritmo de los ya mencionados. “La fuerza que lanzará la flecha hacia adelante” quizás sea el relato más patético del conjunto (o más cargado de patetismo, para evitar las malas interpretaciones), mientras que “El próximo nivel” labra una inquietud casi apocalíptica alrededor de una anodina historia de infidelidad.

Hay en todos los cuentos, además de una persecución formal, una cohesión estilística. Bitar escribe prosa como si escribiera poesía: con párrafos breves y medidos, con oraciones cortas y lúcidas que a veces dan la apariencia de fragilidad y otras veces se imprimen en la página como sentencias. Será que eso también es parte del juego entre teoría y práctica, un hábito más de esa línea de frontera donde el observar y el hacer son posibilidades intercambiables, dos caras de lo mismo.

 

 

CONVERSAS DEL CABURÉ

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