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17 de mayo

Freud´s bar

A las 19.30 hs.

Coordina Chiara Bille

Luces y sombras de la composición

Sobre Ya pueden encender las luces de Ariel Urquiza

(Corregidor-2019)
Por Paula Prengler

Una noche cualquiera, Julián baja a comprar cigarrillos y se encuentra en el kiosco a uno de los hombres que suele ver en la oficina de la Secretaría, el lugar donde todos los meses retira un “sueldo”. El hombre lo reconoce, lo saluda. Le suelta algunas referencias. Finalmente, con tono resuelto, le da a entender que necesita un compañero, que van a irse juntos.

“Aguantame que termino el café y ya salimos”, dice.

Julián no sabe cómo reaccionar frente a la propuesta, improvisa. Su buena estrella como actor serio, comprometido, se había apagado. No conseguía papeles en el teatro ni ningún otro trabajo. Un primo le hizo llegar un ofrecimiento: cobrar un sueldo en una Secretaría de funciones dudosas, a cambio de nada, sin ninguna contraprestación. La propuesta le resultó despreciable, pero ya sin opciones, la necesidad había desplazado a la vocación y no tuvo más remedio que aceptar.

¿Qué hacer? Julián no quiere confesar a ese “compañero” de un trabajo que desconoce que es un impostor, un ñoqui, de modo que lo sigue y sube al auto.

Es el inicio de una travesía insólita y oscura, peligrosa, un derrotero donde los límites de la ciudad y los propios se borran y se traspasan. Julián empieza a actuar, improvisa a medida que vive las situaciones. Tiene que sobrevivir y, al igual que todo buen actor embebido en un personaje, no hace otra cosa que duplicar la apuesta. Como si el que estuviese eligiendo, en verdad, no fuese él; como si algo dentro de él tomara cada una de las decisiones, y esas decisiones no fuesen otra cosa que llevarlo hacia adelante.

Una novela dinámica que indaga en la actuación, los diversos y complejos aspectos de la composición teatral —algo que ya adelantaban el título y la tapa—, con diálogos de lenguaje llano y ambientes reconocibles, con una velocidad de road movie y una acción prácticamente cinematográficas: los personajes son actores que se mueven fuera de escena y que, a medida que transcurren los hechos, levantan telones, dejando al lector atrapado en una espiral magnética.

Uno de los puntos más altos se da en la estructura: entre capítulos, como catalizadores disfrazados de notas independientes, se intercalan reflexiones muy breves en las que irrumpe una voz neutra, como la de un apuntador, que explicita sentencias acerca de la actuación. Lo que aparece como transitorio, axiomas con otro registro, va tomando consistencia, y, a contrapelo de lo que se espera de una novela policial, construye un hilván que da a la trama un sentido único. Y es en esta articulación, precisamente, donde se ve la maestría del autor.

En esta obra, como un mar de fondo, pulsa la pregunta sobre cuáles son los límites del artista cuando recorre aquellos puntos oscuros donde la creación y la muerte se cruzan. Con un ritmo atrapante de principio a fin, imposible de soltar, la novela de Ariel Urquiza habla de semblantes, de asesinos que actúan una vida común, de artistas que actúan de asesinos, que una noche quedan atrapados en un escenario sin que nadie diga ya está, la obra terminó, ya pueden encender las luces.

 16 de mayo

Veladas Literarias Latinoamericanas

A las 19 hs.

El ciclo se inició en marzo de 2018, a través de la idea y de la gestión de Ana Ojeda y de Jimena Néspolo, con el objeto de reunir a escritorxs y especialistas a fin de reflexionar, leer, discutir y/o polemizar sobre problemáticas inherentes al quehacer literario y cultural a partir de la escritura de mujeres argentinas.

En 2019 se proyecta el mismo ideario sobre la escena latinoamericana, intentando superar ya toda normatividad de género. En todo caso se asume a la “tradición” como heterodoxia que es preciso construir y de-construir desde el presente de la enunciación. En este escenario complejo, se privilegian pues los temas acuciantes hoy.

Idea y coordinación: Jimena Néspolo

 

10 de Mayo

Bienvenido Bob

El segundo viernes de cada mes a las 19 hs.

“Bienvenido Bob” es un ciclo donde los autores invitados leen textos propios y conversan sobre la construcción de las historias, su relación con la escritura y su forma de trabajo.

Coordinan Mauricio Koch y Pablo Delgado.

El enigma de la nación, revisitado.

A propósito 7 ensayos sobre socialismo y nación (incursiones mariateguianas) de Diego Giller (compilador)

(Caterva, 2018)
Por Martín Cortés

José Carlos Mariátegui es un nombre que preside, con justicia, las referencias a todo un modo de pensar, a todo un segmento de posiciones intelectuales latinoamericanas. No son posiciones homogéneas, ni teórica ni políticamente, pero parecieran poseer un fondo común: lectores de Marx, quizá “marxistas”, convencidos de la potencia universal de ese pensamiento, de que algo comienza absolutamente con Marx. Pero preocupados también por los modos en que esa potencia demanda una traducción específica para funcionar en la realidad latinoamericana. Mariátegui, al interesarse en el dilema en torno del complejo proceso que media entre las posiciones estructurales y los sujetos políticos, es decir, entre la fisonomía de una sociedad y las fuerzas efectiva o potencialmente actuantes en las batallas que la atraviesan, ofrece un pensamiento

articulado por la política. Y lo hace frente a la tentación, tantas veces presente en el marxismo, de reducir lo segundo a lo primero. De ese modo, antes que deambular persiguiendo un sujeto que se ajuste a un programa, Mariátegui ofrece la posibilidad de situar la reflexión, de buscar desprejuiciadamente las condiciones que puedan poner la emancipación a la orden del día.

En esa búsqueda se sitúa, precisamente, la cuestión de la nación. La nación en Mariátegui no está constituida por una colección de rasgos esenciales que caracterizarían al pueblo peruano, sino que funciona más bien como una potencia que enlaza estructuras heredadas con posibilidades que se abren hacia el futuro. La nación es un espacio, un locus donde se entrecruzan problemas específicos y problemas universales, donde las contradicciones generales del capitalismo encuentran su forma singular de aparecer. En ese espacio enigmático, entonces, se juegan las posibilidades de los sujetos políticos de constituirse, y las posibilidades de las figuras políticas de leer la coyuntura en su abigarrada densidad. 7 ensayos sobre socialismo y nación, libro preparado y prologado por Diego Giller, pareciera partir de este problema, colocándose a la vez en las indagaciones en torno de una historia de las lecturas de Mariátegui, es decir, las distintas capas que constituyen finalmente la materia de la que están hechas nuestras propias posibilidades, hoy, de seguir leyendo a Mariátegui.

El libro hace convivir textos del propio Amauta con ensayos de tres de sus más agudos lectores latinoamericanos: René Zavaleta Mercado, Oscar Terán y José Aricó. El conjunto se articula, precisamente, por el enigma de la nación, como pregunta que es al mismo tiempo una pregunta por el socialismo. La selección captura esa preocupación de Mariátegui, fundamental y estructurante de su obra, tanto como un momento posterior, en la bisagra de los años setenta y ochenta, donde unos cuantos autores latinoamericanos encuentran en el peruano una clave de lectura de la larga y problemática relación entre nación y socialismo como proyecto político, o entre nación y marxismo como horizonte teórico.

Nación y marxismo, nación y socialismo: si se nos permite una torpe división, se trata de dos grandes problemas que hoy nos aquejan y que este libro nos ayuda decididamente a abordar, el primero del orden de nuestros debates intelectuales, el segundo al nivel de nuestras urgencias políticas. Para el primero, porque nunca terminamos de salir de la pregunta por la relación de nuestras reflexiones teóricas con sus pares europeas. Aunque Mariátegui respondió a la pregunta por la dicotomía entre cosmopolitismo y nación abrazándose a ambos términos, los ensayos de enunciación marxista en nuestra región –y más agudamente aún en nuestro país- tendieron a estar asediados por el fantasma del europeísmo, ya fuera éste una acusación infundada o no. Parafraseando a Borges, ¿por qué los argentinos sólo podríamos hablar de estancias y orillas y no del universo? Pero el reclamo universalista entraña sus problemas, lógicamente, que no son otros que los de las operaciones teóricas necesarias para pensar el universo desde nuestro territorio, sin saltos incautos ni torpes generalizaciones. Por situar nuestro marxismo. Esas son las preocupaciones de Mariátegui, la “creación heroica” que no es “calco ni copia”, y que se deja ver en este libro en sus intensas invectivas contra las distintas formas de un torpe nacionalismo que coloca al marxismo en el orden de lo exótico. Y los lectores que median entre Mariátegui y nosotros, Zavaleta, Terán y Aricó, se detienen también en esa lucha de Mariátegui, y de algún modo la celebran como propia, porque en ella se cifra la búsqueda por hacer del marxismo una potente fuerza teórica capaz de medirse de manera fructífera con nuestras realidades.

Acerca de la esquiva relación entre nación y socialismo habría también mucho para decir. Hay en Mariátegui un sólido materialismo político, que permite rechazar el proceder politológico que construye una realidad a partir de los órdenes presuntamente consistentes que dominan la autoimaginación de las academias que miran al norte, a partir de lo cual nuestras a menudo tensas formas políticas son reducidas al plano de las aberraciones. En su lugar, Mariátegui busca los sujetos y los mitos que, hundiéndose en la historia efectiva de nuestras naciones, puedan colocarse en el punto de ruptura de la dominación. Ese es el lugar del socialismo, sugerido entonces no como un injerto exótico, sino como la forma más consecuente de prosecución de las luchas populares que buscan la autodeterminación. Pero esta no ha sido la regla en el marxismo latinoamericano, sino más bien la excepción, de allí la singularidad del Amauta. Aquí, una vez más, sus tres lectores que en este libro nos preceden, parecen sugerirnos, cada uno a su modo, que es preciso apoyarse en Mariátegui para revitalizar esa potente hipótesis que enlaza nación y socialismo. Se trata de un asunto urgente para nosotros, porque acaso una tarea de los lectores contemporáneos de Mariátegui (y de Marx, y de Zavaleta, y de Aricó, y de Terán) sea la de pensar de qué modos las potentes formas de recreación de la política que hemos vivido en estos últimos años en nuestra región podrían imaginarse próximas también al significante socialismo.

El estudio preliminar del presente libro se cierra sugiriendo una suerte de doble herencia, la que los lectores de los ochenta reclamaron de Mariátegui, y la que nosotros debemos reclamar de ellos (y a través de ellos, también de Mariátegui). La herencia, se aclara, a la manera de Derrida y de Piglia, no como fidelidad, sino como una suerte de traición virtuosa, que retiene más la potencia crítica de una obra, para el presente, que su letra en términos de momia o museo, como gustaba decir el propio Mariátegui acerca de los tradicionalistas. El drama de este libro es el de la recreación de la relación que organiza su título, y por eso constituye en sí mismo una pieza que hace parte de esa forma de la herencia, y que por tanto excede largamente cualquier gesto reconstructivo que se contente con recordar tal o cual batalla intelectual de nuestra historia.

Sale Papusa #13

El dinero. La libra de carne de Shylock. Ezra Pound y la usura. El gasto improductivo en Bataille. Marcel Mauss y el potlatch. El pecado original de América: vinieron a rapiñar y tuvieron que quedarse, según Murena. Argentum y la dimensión imaginaria del dinero. Mil mesetas y la inflación galopante: un problema lingüístico para Deleuze y Guattari. Kafka y su editor sobre la inflación alemana. Tarjeta roja de Leo Masliah, las crisis y su delirio. La pobreza y el dinero en la poesía de César Vallejo. El Plano Americano según Leila Guerreiro y porqué vale mil dólares el segundo de Nicanor Parra. Juan José Becerra y sus monografías sobre el verde en los fenómenos argentinos. Maneras de narrar sobre el dinero según Roberto Arlt, Flannery O’ Connor y Thomas Wolfe. Marx y las heladas aguas del cálculo egoísta. El quid pro quo del fetichismo de la mercancía. Mark Fisher y el realismo capitalista. La crisis subprime y el salvataje del sistema financiero bancario por parte del Estado. El neoliberalismo de Macri.

Banda de sonido del episodio – Vía Dra. Melómana

27 de Abril

Alas, sobre Jacobo Regen

Proyección del segundo documental de Fabián Soberón

A las 19 hs.

Presenta: Fabián Soberón

más sobre Fabián Soberón en Caburé libros

Los sapiens fuking inventos

Por Claudia Aboaf

 

Dinero

“Dios no murió. Se transformó en Dinero” Agambem

Encuentra dinero en su bolsillo. Sacude la suciedad del billete fetiche que jamás se lava, contaminado con todas las bacterias hospitalarias, y ni aún así alguien reconoce que ese papel desecho no vale nada.

El dinero es fealdad que subió por la grieta en un antiguo terremoto, una erupción metálica desde el magma inferno que sigue quemando bosques y ciudades.

Tiempo

   Cronos, el tiempo horario come a sus hijos masticando lento restregando los dientes, o de un solo bocado. Sus mensajeros preferidos son las enfermedades y cada tanto, de un golpe manda una epidemia y acorta los plazos, son la vanguardia que avanza alcanzando al corredor más rápido. En la retaguardia esperan los accidentes. Y si no es suficiente triunfa el hambre.

¡Qué nadie pierda el tiempo porque no podrán volver para encontrarlo! Para los que creen multiplicarlo accionando veloces sus días, volviéndolos provechosos, se vende tiempo minutario en fracciones preciosas pero atención: una vez abierto el frasco, como el mercurio, se escabulle y es imposible sujetarlo.

El tiempo vivo ya no se exhibe pero hay tiempo muerto en mesas de saldos. Hay tiempo encogido, imposible de cumplir -Cronos se divierte jugando-, viene con gran variedad de culpas y castigos. Finalmente en el “Tiempo futuro” hay grandes negociados.

 

Trabajo

que se me pida que crea en el trabajo, que reverencie el míoPrefiero una vez más, caminar durante la noche a creerme aquel que anda durante el día”. Bretón

¿De qué trabaja?

No la convence la enumeración remunerada: profesora, tallerista, empleada, ni las tareas gratuitas que hace con los roles: madre, hermana, compañera. ¿En verdad, de qué trabaja? ¿De buscar la claridad como una planta? Sin desmerecer a las plantas, tan arraigadas, activas, nada mecánicas pero que al respirar trabajan. La Botánica, sin dioses propios y última en la cadena alimentaria, tiene además en su variedad, toda la farmacia.

Trabaja de mirar, piensa, de buscar la claridad como un girasol que rota el cuello para respirar el mismo cielo que sus compañeras. Se convence, porque sin el reporte de las miradas quién podría afirmar que las nubes viajan o que existe algo más que uno: persona, animal o planta. No va cerrar los ojos aunque la luz reflejada en latas y en el brillo eterno de las bolsas plásticas la encandile. No va renunciar al trabajo de ejercer una mirada y reportarla aunque sea un trabajo insalubre por el que nada pagan. De eso trabaja.

 

Lenguaje

En la escuela, el lenguaje común había derrapado en su cabeza: las leyendas que acompañaban los dibujitos de la casa-papá-mamá ascendieron por su oído pero no se ensamblaron con las imágenes y le quebraron el sistema de correspondencias. Además estaba lo que no se nombraba. ¿A cuántos otros nenes o nenas les pasaría lo mismo? Esas frases acuñadas con las imágenes eran un cálculo fallido: papá cuida- mamá ama-pero mira de lado-no de frente como en la lámina.

Necesitaba proposiciones específicas para unirlas con su vida, pero no las hubo y la operación resultó anulada. El sistema de signos era el mismo, pero no las correspondencias. En su propio juego restallaban informaciones que la liberaban; en el de ellos estaba acusada y devuelta a los grilletes. Una boca embanderada pronunció “ro-jo” separando las sílabas mientras señalaba una manzana, pero nadie señaló a una nena temblorosa, enrojecida y fresca como la fruta, ni mencionó una sola palabra que la liberara. Por eso ella ya no escogerá palabras ni levantará piedras de la playa: no colecciona cosas muertas.

 

Religión

“El infierno son los otros”. Sartre

Las “pibas” del mito de Perséfone son vibrantes y hermosas, de imaginación luminosa.  Distraídas con sus cantos y bailes, los otros, los cancerberos del infierno, cavaron en el asfato una trampa para que cayeran en la grieta castigadas por su primavera de derechos. Las guiaron a un tour antiguo, oscuro y voluptuoso. Las empujaron a un invierno donde viven anestesistas sin anestesia y mujeres-marsupiales-perras-gatas. Allí, las pibas de ojos transparentes sufrieron los rituales alrededor de un bebé plástico. En ese infierno donde les gustaría encerrarlas, las miradas pesquizantes de los otros las señalaron al grito de “¡¡Asesinas!!”  Satanás –gritaban- las atormentará hasta el suicidio. Esas voces oscuras hablaban una lengua distinta a las proclamas de las pibas, usaban el diccionario de la tenebrosa fantasía religiosa: fetos, fetos, cementerio de fetos, repetían. Pero ellos, los cancerberos, eran apenas sombras grises en el inframundo.

Allí gobernaba Plutón que imponía las leyes y controlaba el mundo. Sin embargo, Plutón, el más temido de los dioses tuvo que negociar al darse cuenta de que nada más podría florecer con tanta sangre de ninfa derramada y no tardó en liberarlas. Al salir de esa visión atormentada, las pibas afirmaron que: “ese infierno no es nuestro”.  El infierno son los otros.

 

*Imagen que acompaña el texto: Obra sin título de Soledad James

CONVERSAS DEL CABURÉ

Ciclo de entrevistas en vivo

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