Reforma y revolución

El derecho a la Universidad: del Manifiesto Liminar al kirchnerismo

Sobre 18. Huellas de la Reforma Universitaria de Eduardo Rinesi (Ediciones UNGS, 2018).
Por Darío Capelli

Lo primero a destacar de 18. Huellas de la Reforma Universitaria es su performatividad ya que, como podemos observar en su mismo soporte (tapa, contratapa y solapas) o leer en los agradecimientos escritos por el propio autor, 18… es bastante más que un mero libro de un pensador argentino contemporáneo. Su autor, Eduardo Rinesi, además de eso -un pensador, digo- es un funcionario universitario que ha asumido distintos roles en diversas instituciones sin dejar ninguna de sus convicciones políticas en las puertas de algún rectorado ni sacrificar sus compromisos militantes en el altar del pragmatismo. 

 

Como politólogo -incluso como politólogo que no ve con malos ojos el aparato de ideas y la forma en que se condujo la transición democrática en la Argentina-; como polítólogo, entonces -o a pesar de serlo-, Eduardo Rinesi ha ido mucho mas allá de todo posibilismo cada vez que ejerció funciones: desde la gestión universitaria corrió siempre el límite de lo aceptable y, junto a un cuerpo comunitario del que supo hacerse acompañar, puso en pie no sólo una “casa de altos estudios” (como, con tierna ridiculez, se suelen autodesignar las universidades) sino sobre todo una universidad popular entre cuyas tareas la de enseñar contenidos es una más entre otras, pues la Universidad Nacional de General Sarmiento es, por cierto, una usina de conocimientos académicos que además (o principalmente) tiene su canal de TV, su radio, su sistema de publicaciones, su editorial, su centro cultural, sus museos. En ese sentido, decía que el autor de 18… es bastante más que un pensador que nos convida sus reflexiones y que el libro -este libro- no es meramente un texto bien editado que expresa esas reflexiones sino un producto salido de la intensa vida cultural que Rinesi, desde sus diferentes cargos, supo imprimirle a la UNGS.

Para quienes gusten de la crítica genética (según mi opinión no demasiado fundada, una disciplina insulsa más parecida a la paleografía que a la teoría literaria) quizás sea un dato interesante que en el origen de 18… haya un artículo para la revista “El Ojo Mocho” -revista que también nuestro autor fundó hace más de 25 años junto a Horacio González y de la cual sigue participando como colaborador habitual-. Tratándose de “El Ojo Mocho” (o por lo menos de la etapa actual de “El Ojo Mocho”), el libro terminó saliendo antes que la revista y no tanto por una cuestión de recursos sino quizás porque los tiempos de una publicación periódica están más atados a la coyuntura; y porque, paradójicamente, esta actualidad que no da respiros inhibe por momentos la creatividad o eleva el riesgo del articulista que no termina de escribir un párrafo y ve cómo sus ideas son

arrasadas por los nuevos acaeceres. Pero no importa ahora hablar de “El Ojo Mocho” más que para señalar que forma parte de otra de las travesuras (como suele referirse él al activismo intelectual) que Rinesi alentó a lo largo de su vida. Lo que sí importa es que este texto, que en principio fue artículo, se transformó luego en columnas radiales ¿de qué radio? de la radio de la propia Universidad y que luego, ya engordado, terminó siendo un libro que sale publicado ¿por cuál editorial? por Ediciones UNGS.

Entonces, a esto quería referirme en principio cuando aludimos a la performatividad: al libro como artefacto, como digno producto de una institución cultural fundamental y notable del noroeste del conurbano bonaerense pese a las infamias de la gobernadora Vidal.

Ahora sí, yendo al contenido del libro, que en todo caso es una modulación conceptual de lo que el propio libro es ya de por sí: no recuerdo haber escrito tanto los margenes de un texto como en este caso. Creo que eso se debe a un par de razones. La primera de ellas es que 18… es un “gran librito”. Intencionalmente digo “gran librito” porque, en efecto y aunque parezca paradojal, 18… es, en cierto sentido más o menos literal y evidente, un libro pequeño pero que a la vez -y éste es el otro sentido-, en las páginas apretadas de sus cortos 18 capítulos están planteados de manera sumamente sugerente y sugerentemente sumaria los temas más importantes que nos corresponde tomar, abordar, interpretar, construir, si queremos munirnos de un adecuado marco de comprensión acerca de lo que somos como pueblo (palabra que aparece en reiteradas ocasiones) pero como “pueblo” en tanto que sujeto de derechos a lo que hasta aquí sólo habían sido privilegios para las élites. La educación superior universitaria, con toda evidencia, es una de esas experiencias de la vida social argentina y latinoamericana que hasta el ciclo de los gobiernos populares de nuestra región y de manera muy marcada en la Argentina, pasa de ser un privilegio de las minorías a ser un derecho para todos y para todas. Desde ya que el acontecimiento que logrará abrir la puerta para esta discusión -aunque no haya resuleto la cuestión- sobre el derecho del pueblo a la universidad es el de la Reforma del 18. Y su texto insignia -el Manifiesto Liminar- da buena cuenta de hasta dónde pudieron/estuvieron en condiciones de avanzar en este aspecto el movimiento de los estudiantes cordobeses. Vamos a volver sobre esto y fundamentalmente sobre las estaciones intermedias que propone Eduardo entre la Reforma del 18 y el ciclo de gobiernos populares de principios del SXXI en América Latina. Decíamos entonces que 18… proporciona un marco de comprensión. Pero no tan sólo: 18… -además de sugerir un marco de comprensión de nuestra actualidad política (para el politólogo Rinesi la política poco o nada tiene que ver con las roscas superestructurales, o como suele decir la ciencia política con el dedo índice sobre la sien: el

sistema de partidos y las instituciones que ordenan el tumulto social; para el politólogo Rinesi, decimos entonces, la política es -insistimos- la vida organizada de un pueblo que busca acrecentar sus grados de libertad y confirmar sus niveles de igualdad)-; 18… además de sugerir un marco de comprensión de nuestra actualidad política -estábamos en eso- es un arma retórica pues Rinesi (ilustrado al fin) cree en la potencia de las palabras para intervenir en la escena pública con afán transformador, sólo que para que eso suceda deberemos poner a esas mismas palabras que pretendemos usar de ariete, en estado de discusión interna hasta hacerlas estallar en sentidos que hasta ahora no habíamos tenido en cuenta o sólo lo habíamos hecho de modo muy tangencial o subordinándolas -a las palabras, nos referimos- a sus significados de diccionario, con cierta delectación filológica pero casi sin vocación política. 18… es, y es lo que me gustaría decir, un escrito político: no sólo para entender tal o cual cosa (en este caso, los ecos/huellas/reverberaciones de la Reforma Universitaria en una serie de acontecimientos o incluso prácticas políticas posteriores con las que la Reforma no parecía trazar líneas posibles, y que sin embargo Rinesi demuestra de qué manera las prefigura: desde Fidel Castro hablando en las escalinatas de la Facultad de Derecho de la UBA en el 2003 durante su visita a propósito de la asunción presidencial de Néstor Kirchner hasta la foto que acompaña un texto de Habermas en la que Marcuse discute con un estudiante parisino del 68 en una escena de proxémica perfectamente horizontal); retomamos: no sólo para entender el significado de estos hechos que consuman lo que la Reforma prefigura es que leemos 18…, sino que además lo hacemos para -como lectores- salir de la experiencia de su lectura con más conciencia de lo que de ahora en adelante ya nos pertenece para siempre (el derecho a la universidad) y nos compromete para siempre (la obligación que tenemos, en tanto que profesores universitarios, de garantizarle al pueblo ese derecho que desde ahora le asiste). Por esto último es que decimos que 18… es un texto político: no sólo ayuda a comprender sino que además interviene. No lo hace ni se espera que lo haga, viniendo de un pensamiento tan potente pero a la vez tan delicado como el de Eduardo Rinesi, en el estilo panfletario. Interviene mediante ciertas insinuaciones. Sobre todo, como decíamos antes, mediante la insinuación principal de que las palabras del Manifiesto Liminar, que cierta tradición leyó hasta hoy en un sentido determinado, pues bien, es posible que también puedan querer significar otra cosa.

Ésta es la otra razón por la que los márgenes del libro han sido tan garabateados: es necesario reponer cuál es, cuáles son esos otros sentidos de las palabras que Rinesi sugiere para las del Manifiesto Liminar. Verbigracia: a qué se refieren los reformistas cuando hablan de “libertad”, de “república libre”, de “autonomía”.

Pero no queda ahí la cosa. Todo nos hace suponer que, en un rulo de su propio método, las palabras del propio Rinesi tienen un segundo sentido al que literalmente expresan. Por eso creo que cada uno de los capítulos de 18… hablan de lo que dicen hablar pero que además a todos ellos los subyace un segundo tema que es posible entresacar del sentido más inmediato del texto -en un ejercicio de lectura hermenéutica al que Rinesi nos viene acostumbrando en todos sus libros anteriores: por ejemplo, cuando nos habla de lo que posiblemente haya querido decir Shakespeare en el contexto de su época al poner en boca de Hamlet tal palabra que tanto puede querer significar una cosa como otra a lo que sus espectadores históricos vincularían con destreza-. Rinesi, entonces, es para nosotros -sus lectores- un poco el Hamlet interepretado por el propio Rinesi y somos nosotros -sus lectores- ahora los Rinesis que debemos interpretarlo a él y para ello nos permitimos entresacar del contenido semántico de su texto, otros posibles significados -o segundos temas- que no necesariamente están explicitados pero que bien podemos detectar y ponernos a discutir; no con jactancia de mero discutidor sino con la urgencia del militante que no acepta ni debería estar dispuesto a dejar que suceda una nueva vulneración de derechos conquistados.

Varios capítulos de 18…, por ejemplo, están dedicados a la perspectiva latinoamericanista (como punto de vista pero también como proyecto) del movimiento reformista. Algunos de esos capítulos son: “Escalinatas” -a partir del ya referido discurso de Fidel Castro en la facultad de Derecho de la UBA-, “Tensiones” (tales las que hay entre las tradiciones liberal-democrática y nacional-popular, como dos proyectos posibles herederos de la Reforma y que muchas veces se reportan como impugnándose mutuamente pero que en sordina establecen diálogos a los que deberíamos ser capaces de o aprender a escuchar) y “Las Villas” (en referencia al discurso del Che en la Universidad Central de Las Villas en ocasión de recibir el doctorado honoris causa). Como dijimos, el tema más evidente de estos capítulos es el la perspectiva y proyecto latinoamericanista de la Reforma; no obstante, el tema subyacente es el de los vínculos entre izquierdas y peronismo o, para decirlo de un modo más directo, el del kirchnerismo como síntesis entre esas dos tendencias que por momentos construye un pueblo-objeto y por momentos aloja, si no directamente expresa, un pueblo-sujeto. En otros capítulos, el tema será el de las reverberaciones de la reforma en el mayo francés. Los motivos por los que se entra al tema son de una gran delicadeza. Como ya apuntamos: una foto de Marcuse, otra -más conocida- de los reformistas en el techo de la Universidad Nacional de Córdoba, un texto de Habermas del ´68 en el que el autor de la Teoría de la acción comunicativa retoma de algún modo El Conflicto de las Facultades de Kant (vía por la que Rinesi introduce la discusión sobre la autonomía). Pero en otro nivel de lectura, en ese nivel que decimos que es posible entresacar del más literal, hay una discusión sobre las dos grandes figuras en torno a las cuales se organiza un orden social y que son la base de un escrito que sabemos que Rinesi tiene como uno de sus horizontes de discusión (Metáforas de la Política de Emilio de Ípola es el libro). Nos referimos a las figuras de de la Revolución y el Orden. Y aquí de nuevo, y ya para terminar y engarzar el tema profundo de esta segunda tirada de capítulos con el de los capítulos finales de 18…, cuyo definitivo tema es el del derecho a la Universidad: si el kirchnerismo es el movimiento ideológico capaz de sintetizar, sin perder la perspectiva regional, las tradiciones nacional-popular, de izquierda nacional y aun la liberal-democrática, también ha sido capaz de constituir un orden (o de empezar a hacerlo sin llegar a terminar de consumarlo, interrumpido como fue por la emergencia de las derechas a nivel nacional y continental) que transformó ciertas prerrogativas de las que hasta entonces muy pocos podían gozar -en el caso específico del libro, se trata de la educación superior universitaria- en derechos de alcance universal. Y eso, por poco que pueda parecer, no logra hacerse sin un impulso revolucionario.