De la línea a la multiplicación de lapotencia.

Literatura transgénero y transubjetiva

 

por Martín Glozman

La novela de Mariana Docampo propone una forma positiva y moderna de la ascesis negativa. Acceso a la experiencia a través del dolor y la enfermedad. V, el personaje de la novela, se refleja en la imagen, en el tiempo y en el cuerpo.“Sus ojos se encontraron con sus ojos, años atrás”. V de vértice, de encuentro. V padece una enfermedad que es tratada desde la niñez, la multiplicación en el tiempo y el espacio, una memoria más allá de los límites, en la que el personaje es simultáneamente muchas personas.

También en la línea, trasciende los límites. Es el bebé en el útero, es el bebé sobre la ropa del médico y su violencia y el bebé después. De todos hay conciencia. Un cuerpo que se multiplica en todos los cuerpos, como el cuerpo de Cristo, pero también es un cuerpo arquetípico como el de Da Vinci, que habitamos, que es el eje del cosmos, pero que no es nuestro.

V está enfermx, pero en esa enfermedad, que primero se sufre está la liberación porque es en ese camino del personaje que se alcanza una verdad de supraconciencia (“Lo que con el correr del tiempo fue ampliación o expansión de la conciencia fue al principio larga agonía de V”) y un tema contemporáneo en que las verdades e identidades de género están mutando.

Por su padecer de multiplicarse en tiempo y espacio V fue apartada, “considerada chamana, divinidad, niño índigo o santa, fue presa en la cárcel o recluida en oscuros cuartos familiares, en otros casos se la vio como hombre.” La novela de Mariana Docampo permite adentrase en esta experiencia única y plural de modo que no la veamos solo desde afuera. El vía crucis transgénero será visto desde adentro y desde afuera a la vez. Será quién carga la cruz, y será quiénes veamos la carga de la cruz. Una multiplicación de la escena. Por eso podemos preguntarnos, ¿por qué hubo necesidad de apartar a V? Qué clase de experiencia fue necesaria que quedamos de un lado todos, y del otro V, sola, multiplicándose entre nostrxs. La novela de Docampo logra representar lo irrepresentable, una dinámica propia de lo moderno y contemporáneo.

Hubo más V-s. Es posible salir de esta experiencia solitaria. V se trama en una nueva forma de novela, que perdió la línea de la historia, su impostura, y a cambio entra en la profundidad de una desconcertante experiencia de lo actual, casi más allá de la palabra.

En la ampliación de conciencia es posible preguntar por qué el proceso de individuación es multiplicador de identidades. Esto no tiene aún respuesta en las teorías actuales más allá de las dinámicas aún no del todo representadas de las comunicaciones, pero asequibles en la literatura. Por un lado una teoría como la de Jung dió cuenta del sí mismo como integrador de una totalidad que incluye el colectivo más allá del yo. También la teoría de Bajtín, que pensó a la persona como totalidad que incluye al otro en una ontología dialógica y polifónica. Pero hasta ahora las teorías no pensaron tampoco la cuestión de género en ese lugar de la otredad, del otro y la otra. O de la otredad como la multiplicación de la mismidad en la misma escena de la diversidad, y no exactamente en la figura especular del dos. Cada cuerpo de V multiplicado es a la vez único y original. En V se pasa de la tercera persona a la primera y del femenino al masculino. El tránsito es necesario y contingente. V convoca a la experiencia de estas escenas por parte del lector, que quiera vivir en su piel la teoría, en el sentido de experimentar en su diálogo y su imaginario lo que aún no ha sido estabilizado en una red conceptual que no sea dinámica y se valga de la ficción creativa.

A esta crisis de la persona como totalidad que incluye la multiplicidad V encuentra una posible salida. Del encierro del dolor en la multiplicación el camino de ascesis ahora positiva es el deseo, la Voluntad lúdica, el placer. “Cuando algunas opciones del yo de V aprehendieron las nuevas coordenadas, mostraron curiosidad o voluntad lúdica, y pudieron adiestrarse en el control de los pasajes”.

La novela de V traza el dibujo de una toponimia trascendente post ciencia ficción. La Matrix de lo humano. Ella misma muchas veces se ve como androide. Se supera la paranoia para trascender al yo y disolverse en la acuática trama de las soledades multiplicadas en un todo compartidx.

Después de las escrituras del yo vienen las escrituras transubjetivas. De transubjetivación objetiva nodal de la experiencia. El pathos se transforma en potencia. El plano anteriormente inconsciente se hace supraconsciente, disolviendo las teorías, hacia nuevas formas de los cuerpos. Es la literatura de la transformación, del deseo, del futuro.

V de virgen, como María.

La letra V tiene algo de cósmico y secreto. Como en las santas escrituras la lectura ordenada no esconde una secuencia de signos sino una puerta por donde entra la luz. La V de victoria y de simiente. En el sentido mismo del vértice del vientre. La enfermedad como vértice rayada de la salud, como ascesis negativa de la religión trascendental, laica y múltiple, contemporánea.

 

V como los senderos que se bifurcan.
En Borges, Jardín de los senderos que se bifurcan, está el secreto de la idea de multiplicación, en el aventurarse único de la historia, “el presente en el que ocurren los hechos”. “Siglos y siglos y solo en el presente ocurren los hechos”.

Esa multiplicación, el cuerpo de V. El cuerpo que sufre la multiplicación. En la intersección de los caminos que se bifurcan, el acontecer.

El Aleph de la coexistencia de todos los imposibles como realidad que no acontecía en el amor corporal encontró en Fogwill el extremo opuesto, como el soma de un mundo feliz que ayuda al personaje en la transmutación y pérdida, somatizado, sometido, en el placer, perdidos los géneros, en Help a mí. Lo que no se encontró todavía y ya apareció es la Aleph, letra hebrea, clave sonora de la coexistencia y la presencia física.

Existen los binarios. El que se prepara para un duelo con una sola bala, reflejado con el otro, vivo o muerto, como en el cuento de Borges. Pero en la dinámica de V se ha superado esa imposibilidad de estar en más de un solo lugar. La línea recta se junta con la circular, la historia con lo que se repite, ya no como trauma, sino como naturaleza.

Cuando estamos vivos fluctuamos entre lo vivo y lo muerto. Como los samuráis encarnamos 7 vidas en nuestro clan. Es decir, que hay algo que fluctúa en la presencia física de la Aleph más allá de la limitación de la historia. Así V es consciente y narra las escenas uterinas previas al nacimiento y la violencia del límite, las ropas del médico, esas manos masculinas, o los claustros del padre, esos encierros de lo femenino. Aquello que no deja circular esa naturaleza viviente. Esa multiplicación de las escenas en el espacio.

De esta manera el tema del otro y del duelo se ve superado o se está superando en el plano de la experiencia de ser uno y el otro al mismo tiempo, ya el binario se multiplica en una diversidad. Femenino y masculino danzan una parte de música. Como dos totalidades danzan su esfera relacionada, ordenes diferentes.

De esta forma la religión está actualizada en la literatura contemporánea.

 

Pintura en Manzana de Nazaret. Cruz y serpiente.

 

La gran pregunta que cabe responder es cómo hacer un relato hoy, que vuelva a la línea y diga “Bajé”. “El tren corría con dulzura, entre fresnos. Se detuvo, casi en medio del campo. Nadie gritó el nombre de la estación. ¿Ashgrove? Les pregunté a unos chicos en el andén. Ashgrove, contestaron. Bajé.” El Jardín de los senderos que se bifurcan.

¿Es el relato una impostura? ¿Una fabricación? ¿Cómo narrar las experiencias múltiples?

Dilema que en el binarismo Borges supo responder. “En el tercer capítulo el héroe muere. En el cuarto está vivo.”

En Borges hay una idea de la coexistencia de tiempos. “Una red creciente y vertiginosa de tiempos divergentes, convergentes y paralelos. En algunos existe usted y no yo. En otros yo y no usted.”

En Docampo hay un cuerpo que duele la coexistencia de los tiempos. La preocupación por existir no es real, sino el duelo de la existencia que de enfermedad se transforma en potencia y realidad de salud. En otro tiempo. En otra era. Algo cíclico y nuevo.

En los Jardines que se bifurcan V está en todos los caminos. La pregunta acerca de cuándo salimos de las realidades paralelas para reunirnos en un mundo vivo, está vigente, se milita.

 

Se perdió la línea en la multiplicación. Como se perdieron los afectos en un tiempo, invadidos por nuevas formas. ¿A dónde volvemos ahora? Esta gran pregunta busca respuesta en más preguntas, en más experiencias, en más relatos insólitos de los cuerpos. En esa búsqueda de V, de padecer más allá de certezas, en caída, a potencia, a encuentro, a placeres, deseo, formas dinámicas de la naturaleza, tangos entre cruces y serpientes, formas de ordenes diversxs, que se abrazan aportando su propiedad aún no propia. No hemos perdido los afectos, pero se transformaron nuestras identidades en formas más antiguas y más nuevas, nuevas vivencias de los cuerpos.

 

La otra tierra. Taller de escritura por Mariana Docampo